Una mariposa revoletea
detrás de tu avión en llamas
El ruido del tráfico se mezcla
con los gritos de los estudiantes
que abarrotan la Avenida Complutense
Huele a exámenes de Mayo
a suspensos y aprobados
a apuntes con letra rápida
La tristeza y la alegría chocan
como dos trenes en un raíl
y suenan a despedida las frases
que nunca dices
Un chaval toca Desolation Row
a el otro lado de la calle,
parece que allí no es presente
parece que otra época se ha adueñado
del caminar y de las farolas
Tus amigos fuman hierba
mientras los últimos rayos de sol
calientan tus ojos color miel
y la libertad, que siempre fue tu amante pasajera,
cabe en un mini de cerveza
Los pitillos han dejado paso
a un ejército de piernas
que los chicos persiguen,
algunos con picardia otros con torpeza
Tu corazón está lleno de revoluciones
y de amores detrás de los escenarios
y de canciones que creías tan tuyas
pero son de todas las demás
Y mientras los semáforos en ámbar
reducen lo prohibido
el mar se acerca a tu pelo desordenado
con el día derrotado, con los barcos en la orilla
Y las primeras Guerras del verano
se intuyen por la mirilla
y en fila de a uno todos mis versos
despliegan su artillería
jueves, 21 de marzo de 2013
viernes, 15 de marzo de 2013
Y sin embargo
Te subiste a aquel columpio del parque
como cuando te dejaron por primera vez.
Estaba lloviendo,
y en cada impulso había un pulso
entre pasado y futuro, entre rencor y perdón
entre recuerdo y olvido
Tu ciudad era tan sólo un decorado
porque como bien sabes
esto ya lo has vivido alguna vez
sólo cambia lo que te rodea y quizá los personajes,
menos el protagonista,
pero el guión es el mismo
La lluvia parece que cesa
como cesa tu balanceo
pero no el palpitar eléctrico
de tú corazón salvaje
Entonces decides volver a casa
con el rimel corrido y la canción más triste
sonando en tus auriculares
Coges el último metro
que asocia principio y fin
vagón solitario, mirada perdida
próxima estación: Aluche
Llegas a casa con la madrugada pisándote
los tacones
La casa está sola, deshabitada.
Preparas café para dos pero te das cuenta
que dos no es igual que uno más uno,
que ya no te espera su cuerpo debajo del edredón,
que ya no habrá más polvos guarros
con los ojos cargados de alcohol
Y no puedes evitar imaginarle.
Imaginarle desabrochando otros botones
besando otras bocas
entrando en otros cuerpos
derramando la tinta de sus tatuajes
en las sonrisas menos sinceras
Decides romper con la rutina
de tristeza absoluta
o al menos cambiarla por un sueño
que dure más que una eternidad
y te desnudas sin alma, mecánicamente
Sólo un tanga de hilo
te aguanta esta noche
y entras en la cama, fría, como cuando se marchaba
los lunes por la mañana
Y vuelves a mirar el teléfono
por si acaso, ya sabes,
pero no hay mensaje ni llamada
De súbito
vuelve el ruido de lluvia
y la sensación térmica baja
aunque sólo sea emocionalmente
y notas un escalofrío que recorre la espina dorsal
hacia abajo, que hace que te acurruces y enredes los pies
para notar un poco de verano ahí en tu sur
Y todo y nada se mezclan en tu cabeza
y el sueño quiere pero no consigue llegar
y buscas algún verso
que se dejara debajo de la almohada
pero no encuentras te odio
ni te quiero, encuentras un sin embargo
como decía Sabina
como cuando te dejaron por primera vez.
Estaba lloviendo,
y en cada impulso había un pulso
entre pasado y futuro, entre rencor y perdón
entre recuerdo y olvido
Tu ciudad era tan sólo un decorado
porque como bien sabes
esto ya lo has vivido alguna vez
sólo cambia lo que te rodea y quizá los personajes,
menos el protagonista,
pero el guión es el mismo
La lluvia parece que cesa
como cesa tu balanceo
pero no el palpitar eléctrico
de tú corazón salvaje
Entonces decides volver a casa
con el rimel corrido y la canción más triste
sonando en tus auriculares
Coges el último metro
que asocia principio y fin
vagón solitario, mirada perdida
próxima estación: Aluche
Llegas a casa con la madrugada pisándote
los tacones
La casa está sola, deshabitada.
Preparas café para dos pero te das cuenta
que dos no es igual que uno más uno,
que ya no te espera su cuerpo debajo del edredón,
que ya no habrá más polvos guarros
con los ojos cargados de alcohol
Y no puedes evitar imaginarle.
Imaginarle desabrochando otros botones
besando otras bocas
entrando en otros cuerpos
derramando la tinta de sus tatuajes
en las sonrisas menos sinceras
Decides romper con la rutina
de tristeza absoluta
o al menos cambiarla por un sueño
que dure más que una eternidad
y te desnudas sin alma, mecánicamente
Sólo un tanga de hilo
te aguanta esta noche
y entras en la cama, fría, como cuando se marchaba
los lunes por la mañana
Y vuelves a mirar el teléfono
por si acaso, ya sabes,
pero no hay mensaje ni llamada
De súbito
vuelve el ruido de lluvia
y la sensación térmica baja
aunque sólo sea emocionalmente
y notas un escalofrío que recorre la espina dorsal
hacia abajo, que hace que te acurruces y enredes los pies
para notar un poco de verano ahí en tu sur
Y todo y nada se mezclan en tu cabeza
y el sueño quiere pero no consigue llegar
y buscas algún verso
que se dejara debajo de la almohada
pero no encuentras te odio
ni te quiero, encuentras un sin embargo
como decía Sabina
jueves, 7 de marzo de 2013
(SIN) Esperanza
Leo en los diarios que hay ya más de 5.000.000 de corazones rotos en la cola de eso que llaman Paro y que yo llamo sin esperanza. Porque dicen que eso es lo último que se pierde, pero la muy puta ( la esperanza digo ) siempre les da la espalda y se mete en el bolsillo de los que tienen poder para comprar justicia, de los que comparten mantel con el Rey o de los que van de liberales y honestos pero ponen la mano para coger dinero manchado de sangre.
Pero yo hablo de Manuel, de Sara, de Silvia, de Andrés, de Pedro, de Ali, de Anita ( que hacía un pan de otro mundo ), de Julito " el ciego ", de el Laudrup de Puerta Bonita, de Quique que tocaba en Rio Rosas cuatro acordes rotos que marcaban la línea de tus ojos con el cielo.
Hablo de Julia y Marcelo. Julia, administrativa en una multinacional, víctima de un ERE. Un cambio de vida, un viaje a el Norte de Londres, un trabajo a media jornada en el Zara y .... la distancia. El buscar su cuerpo a el otro lado de la cama, su olor, su sexo...y encontrar el miedo como único comparñero de viaje. ¿ Y Marcelo ? trabaja como vigilante jurado en unos grandes almacenes dos días por semana. Cuando llega a casa ( la de sus padres claro) suda, tiembla, llora, se coloca y baila con la depresión uno de esos bien pegados.
Hablo de Emilio. Madridista a muerte. Socio ( y de la soledad también). Me ponía los botellines aquellos domingos raros donde Fernando Redondo iluminaba el teatro con un pase al hueco mirando a Corrientes. Ahora sin Bar, con dos hijos adolescentes y sin Lola a la que abrazar con morbo cada noche. Se marchita en el prostíbulo del barrio tomando Dyc con Coca Cola y esnifando polvo blanco con melancolía a gramos iguales.
Hablo de Lupe, que a duras penas puede pagar ya la hipoteca, licenciada en olvidos y matriculada cada verano en amores breves que se desinflan por la aguja del tiempo. Perdió su puesto en una oficina de correos al mismo tiempo que perdía a su madre de cáncer en un Hospital Público ( sin mantas, sin una misera botella de agua ) mientras los que metían la tijera en los más básico cenaban a 100 euros el cubierto.
Y no me quiero olvidar de Javi, Heras, Jorge y Sandro. Estudiaron juntos ADE y su pasión por la música les llevó a formar una banda. Ahora sin futuro y sin poder salir a tocar montan escenarios sin contrato y en condiciones precarias. Pero como dicen ellos; las canciones no salen por contrato, salen por la piel.
Y te contaré algo, yo también era de los que decían como tú.; que ya somos muchos como para que vengan más. Que el barco ya está demasiado lleno. También decía como tú que joder con los sudamericanos ( sudacas, en fin...) cuando íbamos a jugar un partidito a los campos del parque y nos encontrábamos sin sitio. Hasta que conocí a Antonio claro, un ecuatoriano que se tiene que volver a su país después de 12 años en España porque no puede ni pagar un cuchitril de habitación en Lavapies, con una hija de tres años aquí y dos adolescentes que ya casi ni le recuerdan allá. Vino buscando esperanza, pero esperanza ya saben donde está.
Pero, a pesar de los millones en Suiza, las colas del Inem, los yanocontamoscontigo, las noches sin dormir, los miedos, los excesos, los teechodemenos, las puertas cerradas, los sobres sospechosos, las lágrimas contenidas y derramadas mirandote al espejo, los Presidentes de la desesperación...a pesar de todo eso, aún quedan esquinas que doblar, aún quedan amigos con los que brindar, y cruces de miradas, y canciones que nos van a romper, y goles que nos van a levantar. Aún quedan besos de buenasnoches, y abrazos en aeropuertos, y versos de García Montero bajando por tu tripa, aún queda Casablanca un domingo lluvioso por la tarde, y playas para pies descalzos, y tinta resbalando por mi piel, y ciudades que se abran a tus ojos y se cierren a los míos. Aún quedan notevayasquedateadormir, y violencia en nuestros besos, y repasos en los bares y todo lo que tú quieras. Porque nos podrán robar otras cosas, pero no nuestros principios, no la libertad, no nuestro derecho a soñar.
Pero yo hablo de Manuel, de Sara, de Silvia, de Andrés, de Pedro, de Ali, de Anita ( que hacía un pan de otro mundo ), de Julito " el ciego ", de el Laudrup de Puerta Bonita, de Quique que tocaba en Rio Rosas cuatro acordes rotos que marcaban la línea de tus ojos con el cielo.
Hablo de Julia y Marcelo. Julia, administrativa en una multinacional, víctima de un ERE. Un cambio de vida, un viaje a el Norte de Londres, un trabajo a media jornada en el Zara y .... la distancia. El buscar su cuerpo a el otro lado de la cama, su olor, su sexo...y encontrar el miedo como único comparñero de viaje. ¿ Y Marcelo ? trabaja como vigilante jurado en unos grandes almacenes dos días por semana. Cuando llega a casa ( la de sus padres claro) suda, tiembla, llora, se coloca y baila con la depresión uno de esos bien pegados.
Hablo de Emilio. Madridista a muerte. Socio ( y de la soledad también). Me ponía los botellines aquellos domingos raros donde Fernando Redondo iluminaba el teatro con un pase al hueco mirando a Corrientes. Ahora sin Bar, con dos hijos adolescentes y sin Lola a la que abrazar con morbo cada noche. Se marchita en el prostíbulo del barrio tomando Dyc con Coca Cola y esnifando polvo blanco con melancolía a gramos iguales.
Hablo de Lupe, que a duras penas puede pagar ya la hipoteca, licenciada en olvidos y matriculada cada verano en amores breves que se desinflan por la aguja del tiempo. Perdió su puesto en una oficina de correos al mismo tiempo que perdía a su madre de cáncer en un Hospital Público ( sin mantas, sin una misera botella de agua ) mientras los que metían la tijera en los más básico cenaban a 100 euros el cubierto.
Y no me quiero olvidar de Javi, Heras, Jorge y Sandro. Estudiaron juntos ADE y su pasión por la música les llevó a formar una banda. Ahora sin futuro y sin poder salir a tocar montan escenarios sin contrato y en condiciones precarias. Pero como dicen ellos; las canciones no salen por contrato, salen por la piel.
Y te contaré algo, yo también era de los que decían como tú.; que ya somos muchos como para que vengan más. Que el barco ya está demasiado lleno. También decía como tú que joder con los sudamericanos ( sudacas, en fin...) cuando íbamos a jugar un partidito a los campos del parque y nos encontrábamos sin sitio. Hasta que conocí a Antonio claro, un ecuatoriano que se tiene que volver a su país después de 12 años en España porque no puede ni pagar un cuchitril de habitación en Lavapies, con una hija de tres años aquí y dos adolescentes que ya casi ni le recuerdan allá. Vino buscando esperanza, pero esperanza ya saben donde está.
Pero, a pesar de los millones en Suiza, las colas del Inem, los yanocontamoscontigo, las noches sin dormir, los miedos, los excesos, los teechodemenos, las puertas cerradas, los sobres sospechosos, las lágrimas contenidas y derramadas mirandote al espejo, los Presidentes de la desesperación...a pesar de todo eso, aún quedan esquinas que doblar, aún quedan amigos con los que brindar, y cruces de miradas, y canciones que nos van a romper, y goles que nos van a levantar. Aún quedan besos de buenasnoches, y abrazos en aeropuertos, y versos de García Montero bajando por tu tripa, aún queda Casablanca un domingo lluvioso por la tarde, y playas para pies descalzos, y tinta resbalando por mi piel, y ciudades que se abran a tus ojos y se cierren a los míos. Aún quedan notevayasquedateadormir, y violencia en nuestros besos, y repasos en los bares y todo lo que tú quieras. Porque nos podrán robar otras cosas, pero no nuestros principios, no la libertad, no nuestro derecho a soñar.
lunes, 25 de febrero de 2013
Temblar
Nunca un segundo se hizo tan eterno
y es posible que las estaciones de metro que separan
tus labios de mis labios
sean veranos de lluvia
lluvia que no moja, pero duele.
Los románticos se empeñan
en desabrocharte con canciones
y cualquiera es más que yo a las seis de la mañana
Y en los abismos
donde crecen los oceanos de dudas
donde un disco es un pequeño milagro
donde no se controlan las letras que resbalan por el folio
allí
estoy yo
y es posible que las estaciones de metro que separan
tus labios de mis labios
sean veranos de lluvia
lluvia que no moja, pero duele.
Los románticos se empeñan
en desabrocharte con canciones
y cualquiera es más que yo a las seis de la mañana
Y en los abismos
donde crecen los oceanos de dudas
donde un disco es un pequeño milagro
donde no se controlan las letras que resbalan por el folio
allí
estoy yo
martes, 22 de enero de 2013
Eme
No la conocía. O al menos yo no sabía que la conocía. Pero allí estaba, con sus ojos grandes y eléctricos, disparando fuegos artificiales en cada parpadeo, con su media sonrisa sincera que cambiaba el color de las cosas. Incluso en aquel lugar que no era el mejor para abrazar a la vida, aquel lugar que separaba lo imposible de lo más humano, de lo que duele al respirar.
Compartimos un par de latas de cerveza, y era como si el tiempo hubiera querido despertarnos a nosotros y paralizar lo demás. Ella estaba llena de libertad y ganas de saltar precipicios. Me confesó que aún fumaba a escondidas y que después de verano empezaría a estudiar en la facultad de los sueños. Su acento al hablar arrastraba ciudades y no había más democracia que su forma de andar.
En su pelo largo, que caía sobre sus hombros como nieve en la hierba, se enredaban canciones de Pereza y desfiles de príncipes azules, y en sus piernas, que eran autopistas de peaje, rimaban la ternura y el deseo.
Era la Rock Star de su pandilla, la estrella que brillaba en los bares, la que levantaba del pupitre a los chicos de clase, pero también la que leía debajo del edredón y tocaba la guitarra bajito una noche cualquiera, mientras la luna perdía los papeles y las sirenas de las ambulancias sonaban de fondo en algún lugar de la ciudad.
Se desencadenaron las conversaciones y sus manos relataban botellones y fiestas, carnavales de alcohol, playas vacias de arena fina y olas que duelen. Las mías hablaban de noches pintadas, de atardeceres en Brighton y Rock & Roll de verdad.
Fue fugaz como un disparo, pero fue suficiente para salvar un verano que se perdía entre aeropuertos y libros usados. Prometimos volver a vernos, y se separaron nuestros caminos con la misma facilidad con la que se juntaron. La vi alejarse, la chica con nombre de canción, desde mis Ray Ban aviador. Luego el sol se fue apagando lentamente, otro día más, como se apagan las luces cuando se acaba el baile en la fiesta de final de curso. No la he vuelto a ver.
Madrid, un poco jaula a veces, espera con ansia a que pase el invierno, a que se derrita la escarcha y vuelva el olor a rosas en el Parque del Oeste. A que se publique el nuevo disco de Quique González y las chicas salgan a pasear con camisetas de tirantes por las calles. A que se abran las terrazas y pegue el sol en la cara mientras brindo con los buenos amigos en la Plaza de Tirso de Molina. A las noches sabineras y a las de veneno compartido. A que Eme se deje caer por aquí, otra vez...
Compartimos un par de latas de cerveza, y era como si el tiempo hubiera querido despertarnos a nosotros y paralizar lo demás. Ella estaba llena de libertad y ganas de saltar precipicios. Me confesó que aún fumaba a escondidas y que después de verano empezaría a estudiar en la facultad de los sueños. Su acento al hablar arrastraba ciudades y no había más democracia que su forma de andar.
En su pelo largo, que caía sobre sus hombros como nieve en la hierba, se enredaban canciones de Pereza y desfiles de príncipes azules, y en sus piernas, que eran autopistas de peaje, rimaban la ternura y el deseo.
Era la Rock Star de su pandilla, la estrella que brillaba en los bares, la que levantaba del pupitre a los chicos de clase, pero también la que leía debajo del edredón y tocaba la guitarra bajito una noche cualquiera, mientras la luna perdía los papeles y las sirenas de las ambulancias sonaban de fondo en algún lugar de la ciudad.
Se desencadenaron las conversaciones y sus manos relataban botellones y fiestas, carnavales de alcohol, playas vacias de arena fina y olas que duelen. Las mías hablaban de noches pintadas, de atardeceres en Brighton y Rock & Roll de verdad.
Fue fugaz como un disparo, pero fue suficiente para salvar un verano que se perdía entre aeropuertos y libros usados. Prometimos volver a vernos, y se separaron nuestros caminos con la misma facilidad con la que se juntaron. La vi alejarse, la chica con nombre de canción, desde mis Ray Ban aviador. Luego el sol se fue apagando lentamente, otro día más, como se apagan las luces cuando se acaba el baile en la fiesta de final de curso. No la he vuelto a ver.
Madrid, un poco jaula a veces, espera con ansia a que pase el invierno, a que se derrita la escarcha y vuelva el olor a rosas en el Parque del Oeste. A que se publique el nuevo disco de Quique González y las chicas salgan a pasear con camisetas de tirantes por las calles. A que se abran las terrazas y pegue el sol en la cara mientras brindo con los buenos amigos en la Plaza de Tirso de Molina. A las noches sabineras y a las de veneno compartido. A que Eme se deje caer por aquí, otra vez...
jueves, 27 de diciembre de 2012
Aún te recuerdo con 20 años
" Sunrise doesnt't' last all morning
A cloudburst doesnt't last all day
Seems my love is up and has left you with no warning
Its not always going to be this grey
All things must pass All things must pass away "
Aún te recuerdo con 20 años
cuando te enamorabas en la puerta de la facultad de medicina
y no hacías caso a los semáforos en rojo
Cuando la risa no era una laguna en la memoria
y la marihuana te hacía volar en el sofá
Cuando soñabas con compartir una botella de vino francés
con Hemingway o posar para Picasso en el París de los años 20
cuando un poema era una guerra
y tú corazón un rayo ingobernable
Cuando dormías en las estaciones
y perdías todos los trenes que rimaban con la palabra amor
cuando llenabas de besos rotos todas las calles de la ciudad
y recitabas a Lorca en las praderas del pueblo
Aún te recuerdo con 20 años
antes de las lágrimas marcadas
antes de afiliarte al descosido de mis pitillos
antes de los porqués y los peros
y los te quiero al revés
Antes de las groupies
y mis vuelos a Londres
antes de que mis letras entraran en tu cabeza
dos mayos después de aquel verano que no paró de nevar
Aún te recuerdo con 20 años...
* Para ti Campanilla
A cloudburst doesnt't last all day
Seems my love is up and has left you with no warning
Its not always going to be this grey
All things must pass All things must pass away "
Aún te recuerdo con 20 años
cuando te enamorabas en la puerta de la facultad de medicina
y no hacías caso a los semáforos en rojo
Cuando la risa no era una laguna en la memoria
y la marihuana te hacía volar en el sofá
Cuando soñabas con compartir una botella de vino francés
con Hemingway o posar para Picasso en el París de los años 20
cuando un poema era una guerra
y tú corazón un rayo ingobernable
Cuando dormías en las estaciones
y perdías todos los trenes que rimaban con la palabra amor
cuando llenabas de besos rotos todas las calles de la ciudad
y recitabas a Lorca en las praderas del pueblo
Aún te recuerdo con 20 años
antes de las lágrimas marcadas
antes de afiliarte al descosido de mis pitillos
antes de los porqués y los peros
y los te quiero al revés
Antes de las groupies
y mis vuelos a Londres
antes de que mis letras entraran en tu cabeza
dos mayos después de aquel verano que no paró de nevar
Aún te recuerdo con 20 años...
* Para ti Campanilla
miércoles, 12 de diciembre de 2012
martes, 4 de diciembre de 2012
A veces se me olvida
Desperté sobresaltado por el ruido de un mensaje en el móvil. Un poco perjudicado y aturdido después de más de dos horas metido en un sueño que no llego a recordar con claridad.
Una habitación a oscuras salvo por la luz tenue de un flexo me invitaba a seguir en la cama pero, de repente, una melodía de piano se autoinvitó a mi trance con la realidad. Una voz tan dulce como el vuelo de una gaviota disparaba una letra que intuía conocida...
" Slip inside the eye of your mind
don't you know you might find
a better place to play
You said that you've never been
but all the things that you've seen
the slowly fade away... "
Salí de la cama con lo puesto, es decir nada, (que frío me cago en la puta) y me asomé a la puerta que se prolongaba hasta un saloncito donde un gato persa escalaba por el alfeizar de una ventana. A la derecha un piano de pared, y tú. Flaca y desnuda, reventabas las emociones y mis mariposas deslizando tus dedos por las teclas de marfil sintético.
Me lié un piti, y me asomé por la ventana. Afuera la nieve anunciaba un Diciembre de frío y amores que se escapan por la calles de Londres. Decidí vestirme.
Salí con un See you tomorrow, maybe... poco convincente y bajé por la escalera de incendios que daba a la calle posterior del edificio, un edificio de ladrillo rojizo típico de este barrio en el East London, llamado Break Lane. Ahora convertido en el eje central de la comunidad bangladeshi.
Tomé un Cappuccino aguado en un Starbucks mientras leía la prensa del día. El Chelsea había ganado al Fulham con gol de Drogba. Romney se posicionaba como candidato republicano para intentar derrotar a Obama. Daban los últimos coletazos sobre las escuchas en el "Escándalo Murdoch". Los Stones anunciaban alguna fecha para 2012. Ninguna noticia relevante sobre España, salvo el anuncio del inminente rescate que Rajoy negaba.
Salí de allí dejándome llevar, dirección a ninguna parte.
Entré en un a vieja librería de libros usados y me llevé un Shakespeare por 4 pounds. Cogí la Central Line dirección a casa pero cambié de opinión, de súbito y me bajé cerca del London Eye a dar un paseo por la rivera del Támesis.
Paré a tomar una Pinta de Kronenbourg ( que al final fueron tres ) en The Dove un pub del siglo XVII que dicen tiene la barra más pequeña de Gran Bretaña y donde años atrás salían haciendo eses Graham Green o Ernest Hemingway.
El caso es que me subieron las pintas de cojones y tuve que sentarme en uno de esos bancos donde se besan los enamorados mientras el Big Ben y el Parlamento quedan de postal antes sus ojos.
Saqué el librito de Shakespeare, y pensé en literatura, en la chica que dejé en Madrid, en mis amigos, en un viaje a León con dos huracanes, pensé en todo lo bueno que quedaba por llegar y en los caminos que quedaban por recorrer.
Y es que como dice Quique; A veces se me olvida que soy sólo un espectador. Que las cosas del alma no se adivinan.
Una habitación a oscuras salvo por la luz tenue de un flexo me invitaba a seguir en la cama pero, de repente, una melodía de piano se autoinvitó a mi trance con la realidad. Una voz tan dulce como el vuelo de una gaviota disparaba una letra que intuía conocida...
" Slip inside the eye of your mind
don't you know you might find
a better place to play
You said that you've never been
but all the things that you've seen
the slowly fade away... "
Salí de la cama con lo puesto, es decir nada, (que frío me cago en la puta) y me asomé a la puerta que se prolongaba hasta un saloncito donde un gato persa escalaba por el alfeizar de una ventana. A la derecha un piano de pared, y tú. Flaca y desnuda, reventabas las emociones y mis mariposas deslizando tus dedos por las teclas de marfil sintético.
Me lié un piti, y me asomé por la ventana. Afuera la nieve anunciaba un Diciembre de frío y amores que se escapan por la calles de Londres. Decidí vestirme.
Salí con un See you tomorrow, maybe... poco convincente y bajé por la escalera de incendios que daba a la calle posterior del edificio, un edificio de ladrillo rojizo típico de este barrio en el East London, llamado Break Lane. Ahora convertido en el eje central de la comunidad bangladeshi.
Tomé un Cappuccino aguado en un Starbucks mientras leía la prensa del día. El Chelsea había ganado al Fulham con gol de Drogba. Romney se posicionaba como candidato republicano para intentar derrotar a Obama. Daban los últimos coletazos sobre las escuchas en el "Escándalo Murdoch". Los Stones anunciaban alguna fecha para 2012. Ninguna noticia relevante sobre España, salvo el anuncio del inminente rescate que Rajoy negaba.
Salí de allí dejándome llevar, dirección a ninguna parte.
Entré en un a vieja librería de libros usados y me llevé un Shakespeare por 4 pounds. Cogí la Central Line dirección a casa pero cambié de opinión, de súbito y me bajé cerca del London Eye a dar un paseo por la rivera del Támesis.
Paré a tomar una Pinta de Kronenbourg ( que al final fueron tres ) en The Dove un pub del siglo XVII que dicen tiene la barra más pequeña de Gran Bretaña y donde años atrás salían haciendo eses Graham Green o Ernest Hemingway.
El caso es que me subieron las pintas de cojones y tuve que sentarme en uno de esos bancos donde se besan los enamorados mientras el Big Ben y el Parlamento quedan de postal antes sus ojos.
Saqué el librito de Shakespeare, y pensé en literatura, en la chica que dejé en Madrid, en mis amigos, en un viaje a León con dos huracanes, pensé en todo lo bueno que quedaba por llegar y en los caminos que quedaban por recorrer.
Y es que como dice Quique; A veces se me olvida que soy sólo un espectador. Que las cosas del alma no se adivinan.
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